SrFeliu

Archive for junio 2014

francisco garcía pavón en televisión

Durante la Transición la novela negra a la española conoció un auge inusitado, debido probablemente a su capacidad de formular en clave de intriga y entretenimiento las convulsiones de la época. Fue un género basado en el modelo hard boiled surgido en Estados Unidos durante la Depresión económica. De él tomaba la ambientación urbana y la figura central del investigador escéptico que no se casa con nadie porque ya sabe que a ambos lados de la línea que separa el crimen de la ley se cuecen las mismas habas.

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Anduvieron entonces teóricos y narradores empeñados en la búsqueda de una tradición propia, que nutriera de elementos autóctonos el patrón foráneo. Uno de los nombres que siempre figuraba en estas genealogías era el del manchego Francisco García Pavón. Se había empeñado éste, a principios de los años sesenta, en una serie de narraciones cortas protagonizadas por un modesto policía municipal de Tomelloso, apodado Plinio, y su sanchopancesco adlátere, don Lotario.

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Las referencias de García Pavón no eran Dashiell Hammet ni Raymond Chandler, sino la tradición cervantina y la crónica de crímenes horrendos que había alimentado la literatura de cordel en España durante un siglo largo. No hay aquí grandes equipos especializados ni sofisticadas técnicas forenses. Plinio y don Lotario resuelven sus casos a base de conversación sosegada mientras lían un pito o juegan la partida en el Casino de la plaza.

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mingote en televisión

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Este señor de negro se desarrolla a lo largo de trece episodios entre 1975 y 1976. Al no contar con la mediación del productor José Luis Dibildos y de los directores asignados a los proyectos en que Mingote ha intervenido hasta entonces como guionista, ésta es la obra más próxima a su humor que podamos ver. La auténtica plasmación audiovisual de su mundo resulta invisible, pues es una película perdida: un súper-8 rodado a lo largo de un tiempo indeterminado con la plana mayor del cine español e internacional de paso por España en la que intervinieron Tono, Luis G. Berlanga, Paco Rabal y un largo etcétera.

La vuelta al mundo en 80 espías estaba libre de toda servidumbre debido a su carácter amateur en formato subestándar y bebía directamente del manantial de aguas con alto contenido surreal de La Codorniz. En cambio, esta serie para la primera cadena de Televisión Española y la película Vota a Gundisalvo (Pedro Lazaga, 1978) resultan fiel reflejo del chiste diario que lleva publicando hace más de veinte años en ABC.
 

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diario de un optimista

Julio Camba fue maestro de humoristas. Los otros del 27 lo colocaban en el escalafón sólo un peldaño por debajo de Ramón Gómez de la Serna. Pero es que Ramón fue mucho Ramón y Camba no fue nunca más que un periodista: cronista o corresponsal. No quiso ser otra cosa.

Los que, por edad, nCamba los escritos de la anarquíaos acercamos a su obra hace veinticinco o treinta años lo hicimos en aquellas recopilaciones de artículos de la colección “Austral” cuyos descriptivos títulos rezaban: Sobre casi todo, Sobre casi nada… El volumen de reflexión gastronómica comparada La casa de Lúculo y los escritos satíricos de Haciendo de república han tenido mayor vigencia por causas extrínsecas. En todos ellos campea el humor irónico, el amor para la paradoja.

Otros humoristas renuncian a su línea de pensamiento con tal de acuñar un juego de palabras afortunado. O a lo mejor carecen de ella y la paradoja se constituye en faro mudable. Camba, jamás. Y éste es el hallazgo fundamental de Los escritos de la anarquía que edita Pepitas de calabaza. Desde los dieciséis años, excomulgado, expatriado en la Argentina, ignominiosamente repatriado, frecuentador de los círculos anarquistas, propagador del ideal desde tribunas ajenas o propias, insolentemente joven y fervoroso nietzschiano, Camba florece como humorista al correr de las páginas de ¡Oh, justo, sutil y poderoso veneno! en un sin sentir.

Son textos olvidados en su mayoría, ayunos de reedición, y tanto más valiosos porque casi todos ellos son flor rara, nacida en las páginas del semanario argentino La Protesta Humana, en Tierra y Libertad y en el personalísimo El Rebelde, creado al alimón con Antonio Apolo y cercado por la asfixia económica y las prohibiciones gubernativas. En virtud del medio en el desempeña su cometido Camba despliega una serie de recursos entre los que cabe el panfleto de agitación, el ensayo breve sobre literatura y arte, la invectiva contra los poderosos, la estampa de la miseria cotidiana, el cuento erótico, el diario íntimo y la crónica parlamentaria.

No traigo a colación ningún ejemplo porque los hay de sobras. La selección es generosa y es bueno que así sea porque a saber cuándo va a volver a encontrarse uno con tal golosina. Destaco en cambio dos momentos de la lectura

El destierro, la falsa nouvelle con la que se abre la antología, es una crónica apenas fantaseada sobre su estancia en Argentina y la deportación de anarquistas por parte del gobierno de aquel país a raíz de la agitación social de 1902. Apareció en la colección El Cuento Semanal en 1907, con la distancia justa de lo ocurrido como para que un Camba plenamente cuajado como escritor ¡a los veintiún años! relate el fervor de los dieciséis.

La serie “Diario de un optimista”, con la que da fin a sus colaboraciones en El País a finales de 1906, es una epifanía. Después de una larga estancia hospitalaria y de su interrogatorio a propósito del atentado de Mateo Morral contra la carroza real, Camba aparece como quintaesenciado. Sin renunciar un ápice a su modo de entender la vida -sin el cual el estilo no sería nada- brilla en estos artículos la brevedad de lo quintaesenciado, el estilo limpio y terso, la ironía a costa, sobre todo, de uno mismo.

El año siguiente hará las maletas: Galicia, París, Turquía, Londres… Como corresponsal en el extranjero Camba nos contará a los otros para retratarnos a nosotros mismos. No necesita vacunarse, el justo y sutil veneno inoculado en su organismo a temprana edad lo ha inmunizado contra la más terrible y extendida de las epidemias: la del lugar común.

 Julio Camba:
¡Oh, justo, sutil y poderoso veneno! (Los escritos de la anarquía)
Pepitas de Calabaza, Logroño, 2014.
ISBN: 978-84-15862-18-5

justino en la tabacalera

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las quota quickies de michael powell

Un trabajo en curso, como he ido haciendo con la producción excéntrica de los Ealing Studios, centrado en las realizaciones de Michael Powell previas a su asociación con Emeric Pressburger.

Para revitalizar la langideciente industria doméstica frente a la invasión hollywoodense del mercado británico, el gobierno promulga en 1927 la Cinematograph Films Act, que establece una cuota mínima de cine propio que distribuidores y exhibidores debían tener en cartera para poder estrenar las cintas procedentes de Estados Unidos.

Bien sea a través de filiales, bien sea mediante empresas interpuestas, las majors conciben inmediatamente un sistema de producción de serie B, rodada en Gran Bretaña. Aparecen así las denominadas quota quickies –“rápidas de cuota”- con las que realizaron su aprendizaje algunos directores en el incipiente cine sonoro, entre ellos, Michael Powell. En el mejor de los casos son películas rodadas en diez o doce días a un coste de una libra por pie de película terminada. Como las cintas suelen rondar la hora de duración, el coste total estará en torno a las 5.500 libras. El guionista recibe 150 por el material de partida. Un actor jamás cobra por encima de las 250. A lo mejor es por eso, precisamente, que se abordan temas y se ofrecen tratamientos que nunca llegarían a una producción de prestigio.
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