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Archive for mayo 2015

pan-and-scan azteca sobre lola flores

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Desde que en el otoño de 1947 el empresario cinematográfico vigués Cesáreo González abriera oficina en México1 las producciones de ida y vuelta de su compañía no paran: contratación de María Félix para protagonizar Mare Nostrum (Rafael Gil, 1948), Una mujer cualquiera (Rafael Gil, 49) y La noche del sábado (1950); de Jorge Negrete como protagonista de Teatro Apolo (Rafael Gil, 1950)… Son producciones españolas o europeas que le permiten consolidar el mercado latinoamericano desde una de las industrias más sólidas del continente, por detrás de la todopoderosa estadounidense.

Una vez abierta la brecha, firma un publicitadísimo contrato de cinco millones de pesetas con la emergente Lola Flores, a cambio de los cuales ella se obliga a giras por toda Latinoamérica, lo que la convierte en una estrella transcontinental. El emparejamiento con el mexicano Rubén Rojo en las cintas españolas en Cinefotocolor La niña de la Venta (Ramón Torrado, 1951) y Estrella de Sierra Morena (Ramón Torrado, 1952) ha valido de ensayo para lo que va a venir, las mil vueltas y revueltas del asunto de la gitana y el charro junto a Miguel Aceves Mejía, Luis Aguilar o Agustín Lara. Ahí fraguará el sobrenombre de “La Faraona”2.

Para llevar a cabo este proyecto Cesáreo busca alianzas con la Diana Films de Fernando de Fuentes y la Filmadora Mexicana-Filmex de Gregorio Wallerstein antes de recalar en Producciones Zacarías, la empresa de los hermanos Miguel y Mario A. Zacarías Nogaim. La alianza no es casual a tenor de las declaraciones de este último en vísperas de encomendarle la realización de La Faraona (1956) a René Cardona. El productor mexicano antepone la comercialidad del guión a cualquier otro valor:

“Para esto debe interesar y sacudir a las masas y no solamente a un grupo de escogidos. Los sentimientos deben hallar eco en todos los corazones, lo que se logra cuando al mismo tiempo que sencillas [las historias] son emotivas. Ahora que, si además pueden contener un porcentaje de arte o, digamos, un sentido filosófico, mucho mejor. Pero por lo común todos los pueblos latinoamericanos en la actualidad están en la misma tesitura tanto psicológica como mental, por eso nosotros, cualquiera que sea la índole de la cinta que hagamos, no olvidamos este índice que es el que nos da la tónica del éxito de la película. Y casi nunca nos equivocamos”3.

Ya sea porque las prestaciones de Cardona no resultan satisfactorias4 o porque el responsable de la producción prefiere llevar el timón en sus manos, la cosa es que Miguel Zacarías dirige a Lola Flores en las dos coproducciones con Cesáreo González de 1956: Sueños de oro / El gran espectáculo (1957) y Maricruz / Sueños de oro (1958)5.

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