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josé luis salado en el madrid del no pasarán

tiros al blanco

Juan Antonio Ríos Carratalá se acercó a la singular peripecia vital de José Luis Salado en Hojas volanderas, volumen dedicado a documentar la actividad y obra de algunos profesionales del periodismo durante los convulsos tiempos de la II República y la Guerra Civil. Junto al anarquista Mateo Santos, el sicalíptico León Vidaller y el falangista Jacinto Miquelarena, Salado formaba un póquer de ases de la Remington y el teletipo, curtidos en las redacciones y observadores de su tiempo que, precisamente por serlo, han caído hoy en el olvido. Ríos trazaba allí el perfil profesional de Salado, desde las redacciones de diversos diarios a su puesto de francotirador contra todo lo que oliese a fascismo y escaqueo durante la Guerra Civil. También, el largo exilio soviético, traduciendo, cuando no escribiendo al dictado para Radio Moscú. En resumen, una biografía tan cinematográfica como poco cinematografiable. Si acaso daría para una película de Bardem, con proceso de toma de conciencia, aunque don Juan Antonio hubiera tenido que omitir el largo capítulo final bajo el estalinismo.

Salado fue hijo de su tiempo. Periodista ágil e incisivo en el farallón de los veinte a los treinta, fascinado por el cinema, la velocidad estadounidense y las artistas españolas de variedades. “Reportero de taxi y sombrero a lo cazuela”, le llama un crítico. Debuta a finales de 1925 como periodista en El Heraldo de Madrid, que con tan pintorescos colores pinta César González Ruano en sus memorias. Debuta con una interviú a Felipe Sassone cuyo teatro calificará diez años después de “podrido”. Siguen otras entrevistas tituladas genéricamente “Los novelistas ante la escena”. Por ellas desfilan, Azorín, Valle Inclán, Pedro Mata…

En Nuevo Mundo hace una campaña a favor del cine hablado en español lo que le vale ser nombrado vocal en el Congreso Hispanoamericano de Cinematografía de 1930. Cuando la Paramount le ofrece un contrato como agente de prensa en sus recién creados estudios europeos de Joinville-le-Pont, no lo duda. Su trabajo consiste en interviuar a las estrellas extranjeras y publicitar a las españolas. Colabora en la traducción de algún guión, escribe cantables. El espejismo dura hasta la primavera de 1932. Habrá que esperar un par de años para que Salado se despache a gusto con su experiencia en las entrañas del monstruo. Durante el verano de 1934 publica en La Voz una serie de reportajes bajo el título genérico de “Los suburbios de una ciudad de cine”. Sigue colaborando en este diario el 18 de julio de 1936, cuando se produce la sublevación militar. Pero la fecha clave, repetida una y otra vez en estos “Tiros al blanco” que prologa y antologa Ríos Carratalá, es el 7 de noviembre, cuando el gobierno abandona la capital asediada y se traslada al “Levante feliz”.

De ahí sus diatribas contra Juan José Domenchina o Manuel Chaves Nogales y sus dicterios contra Pío Baroja o Azorín. La neutralidad nunca es excusa para el periodista empujado a la dirección del diario comunista aunque nunca perteneciera al partido. Salado aguantó en el Madrid del “No pasarán” hasta el último momento haciendo campaña en contra de la programación de unos teatros regidos por la Junta de Espectáculos que terminan escenificando juguetes cómicos infames y espectáculos arrevistados de una indigencia como no se ha visto hasta entonces. Aparecen las reticencias de los autores a estrenar en Madrid, la fuga de las primeras figuras a Buenos Aires o a Orán. En los primeros reportajes, desde el frente de Guadarrama, aún se deja ver en su prosa al estilista. Luego, en sus artículos de urgencia se entrega a la esgrima de la polémica haciendo gala de una ironía a prueba de bombas… si se nos admite el pleonasmo oportunista.

La filiación de tantos y tantos olvidados como pululan por estas páginas se realiza de manera sucinta en oportunas notas a pie de página y el prólogo sitúa la figura de José Luis Salado en el momento histórico que le tocó vivir. La edición de Espuela de Plata, inmaculada. La selección de artículos, oportuna a más no poder.

José Luis Salado:
Tiros al blanco: Periodismo bajo las bombas
Edición al cuidado de Juan Antonio Ríos Carratalá
Sevilla, Espuela de Plata, colección “España en armas”, 2015
ISBN: 8416034338
280 págs.

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