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SrFeliu

Archive for Rafael Azcona

sainete, codornicismo y esperpento

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El 13 de febrero, a las 12:00 a.m., charla ilustrada sobre “Sainete, codornicismo y esperpento: formas del humor en el cine español”, un recorrido transversal por la historia del cine español, desde L’hereu de can Pruna (Segundo de Chomón, 1904) a Justino, un asesino de la tercera edad (La Cuadrilla, 1994). Un siglo de propuestas cómicas, vanguardistas, costumbristas o críticas amparadas bajo el paraguas de fórmulas autóctonas de humor.

En el marco del “Taller de apreciación cinematográfica” que se celebrará del 5 al 13 de febrero en el café-cine Dr. Steam (c/ Olivar, 17 – Madrid).

Más información, aquí: https://www.facebook.com/doctorsteamcafe/

Contacto: jesusdelavega1974@gmail.com

azcona en logroño, por partida doble

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El día 24 de marzo se presenta en Logroño el monográfico que la revista Turia  dedica a la obra de Rafael Azcona, un número coordinado por Bernardo Sánchez Salas y en el que se reimprimen cuatro recónditos textos azconianos aparecidos en el suplemento literario del diario Arriba a finales de los años 50.

Y el viernes 27 a las 19:30, en Fundación CajaRioja, presentación del ensayo editado por el Instituto de Estudios Riojanos Rafael Azcona en el Diario Pueblo (1954-1956), acompañada de la proyección de los mediometrajes:

Se vende un tranvía (Juan Estelrich y Luis G. Berlanga, 1959)
– Episodio “El leñador y la muerte” de Las cuatro verdades (Luis G. Berlanga, 1963)

Fundación CajaRioja
c/ La Merced, 6
26001 – Logroño

azcona, humorista sindical

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El Instituto de Estudios Riojanos ha tenido el buen gusto de editar un volumencito sobre la labor gráfica y literaria de Rafael Azcona en el diario de la Organización Sindical Española entre los años 1954 y 1956, contemporánea, por tanto, a sus colaboraciones en La Codorniz.

Santiago Aguilar:
Rafael Azcona en el diario Pueblo (1954-1956)
Logroño, Instituto de Estudios Riojanos, 2014.
ISBN: 978-84-9960-075-8
191 págs.

todos somos paralíticos

vlcsnap-2014-12-10-20h37m19s61El cochecito (Marco Ferreri, 1960)

vlcsnap-2014-12-10-20h34m23s137El último caballo (Edgar Neville, 1950)

… y otras comedias españolas excéntricas en el Lincoln Center de Nueva York, del 12 al 18 de diciembre en el marco del ciclo “La última risa: una historia alternativa de la comedia española”.

http://www.filmlinc.com/films/series/the-last-laugh-an-alternate-history-of-spanish-comedy

¡Con gente buena, que no falta, venceremos al matrialismo y al motor!

la verbena, según azcona

San Antonio 1956

Uno, en su ingenuidad, se acerca al Manzanares convencido de que en sus márgenes se va a introducir en un “baño madrileño”. En un baño que, al revés que el turco, en lugar de sacarle del cuerpo el esplendor de sus grasas, se las enriquecerá por osmosis con la mejor sustancia del suculento tocino de lo castizo.

La primera sorpresa nos espera en la airosa estantería del vendedor de sombreros: predominan los anchos sobre los hongos. Cinco de éstos naufragan entre el amontonamiento de los cordobeses, y esos cinco hongos tristes y minoritarios son el de-re-mi-fa-sol inicial de la absurda armonía de la verbena 1956.

Poco más allá, casi plantado sobre el puente que mira a la ermita, un letrero pretencioso afirma rotundamente que allí se venden las auténticas salchichas de Fráncfort. Los ojos se nos llenan de espanto ante la herejía: en la verbena sólo son alimentos ortodoxos los churros; incluso las gallinejas, pese a su indudable madrileñismo, serian frívola heterodoxia, pequeño pecado venial contra el prestigio verbenero. Las salchichas, y más las de  Fráncfort,  son  ya un enorme pecado mortal que seguramente .no puede esperar la absolución.

Sí huyendo de la profanación nos internamos en los aguaduchos y merenderos que salpican las orillas del rio, encontraremos organillos. Nuestro suspiro de alivio se cortará en seco, pues el organillo estará casi siempre mudo, callado, apagado, aplastado por el estridente fragor de los tocadiscos. Y acaso sea esto lo mejor, pues alguien sabe del dolor que ocasiona oír un mambo a través de los gimientes rodillos del carricoche musical, movidos por cualquier indocumentado que ni lleva visera, ni sabe manejar el codo, ni siquiera se llama Felipe, como es su obligación.

En las mesas de estos merenderos y también en las que se levantan entre las atracciones de la verbena, no hay clara con limón ni aguardiente de Chinchón y, en ocasiones, ni siquiera sangría: la Coca-Cola y la Pepsi-Cola mojan los bigotes tristes de los turistas, de los celtíberos y aun los de los vecinos del paseo de la Florida.

Antaño debió ser el disloque esa barraca que ofrece como atracción la impune rotura de bombillas viejas. Hoy, acaso por culpa de la psicosis atómica, ésa barraca está siempre sola, vacía, abandonada a su suerte. Viendo su mostrador desierto, dan ganar de llorar al leer el antiguo cartel que recuerda sus tiempos de esplendor: “Pago adelantado para evitar confusiones”.

Lo que ayer fue “Tubo de la risa” —¡qué título tan jubiloso, tan grato, tan esperanzador!—es hoy “Rotor centrífugo”. La técnica está también aquí, y en esta ocasión haciendo bien poco por el género humano; uno piensa que para entrar en un sitio así a divertirse debe proveerse antes del título de ingeniero.

Pero lo peor no está ahí, en la verbena propiamente dicha. Lo peor está en la “kermesse”. En el tablado de la orquesta, una estudiantina se dedica con toda contumacia a la interpretación de aires gallegos. La Casta —que se llama Piti— y la Susana —que se llama Títi— se llenan de saudade, de morriña y de olor a grelos, y los turistas, respetuosos siempre con el “typical”, creen a pies juntillas que aquello es el chotis; los pobres tratan de encontrar por alguna parte ese ladrillo del que tantas veces han oído hablar, y ni siquiera hay un barbián que les explique que el problema de la vivienda prohíbe la dedicación del material de construcción a la frivolidad.

Sólo hay un momento luminoso en la verbena: es el amanecer, cuando después de hacer nía ante la ermita, el puente se llena de muchachas empañoladas, recién levantadas, frescas y llenas de esperanza. Es entonces cuando uno se da cuenta de que lo bueno es dormir y dejarse de tonterías; es entonces cuando uno, ante la falta de taxis, se resigna a volverse a casa en el coche del “Madriles”, que ha estado durante toda la noche estacionado, aburrido, carente de sentido, sin un cliente capaz de darse una vuelta acunado por la música lenta y cadenciosa de los blandos cascos del caballo.

Y en el coche del “Madriles”, bajo un sombrero hongo que sombrea nuestro cansancio, entramos en la Gran Vía sembrando la confusión, la perplejidad y la risa.

Rafael Azcona en el diario “Pueblo”

escuchando a azcona


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